caminito de Jerez

elmundo.750 Con motivo del ya cercano décimo aniversario de los atentados del 11-M, publica hoy el diario El Mundo una entrevista con el Juez Gómez Bermúdez (ver aquí). De la entrevista me llaman la atención muchas cosas (la que más, quizás, que el Presidente del Tribunal recuerde algo tan cierto –aunque desconocido por muchos- como que no se conoce al autor intelectual que ideó los atentados porque “no se ha indagado” esa cuestión). Pero prefiero centrarme en otro punto de la entrevista. El siguiente:

P.- Cuando usted dijo que algún testigo iba a ir caminito de Jerez… ¿se refería a Sánchez Manzano?

R.- No. Esa frase ha sido muy manipulada y mal usada. La dije a un grupo de chavales, de COU, de finales de ESO… Eran chicos jóvenes. Uno de ellos me preguntó qué pasaba si alguien mentía al juez… Entonces yo le expliqué que, cuando alguien mentía en un juicio, comete un delito y, entonces, desde luego en nuestro tribunal, si alguien mentía iría caminito de Jerez… Les aclaré que, para que haya delito de falso testimonio hay que esperar a que haya sentencia firme; en segundo lugar, que la mentira haya sido esencial, no que sea una mentira accidental y, además, que haya influido en el resultado del proceso. Es falso que se lo dijera a nadie más y en ningún otro sitio.

Pues bien, sin ánimo de polemizar, y dado que yo fui testigo presencial de esa anécdota –de hecho creo que fui el primero en contarla-, he querido rescatar un par de páginas de mi libro La Cuarta Trama en las que narro lo que yo recuerdo de aquel momento. Así tienen ustedes todos los elementos de juicio.

 Lo que sigue a continuación está extraído del capítulo 22 de La Cuarta Trama:

“Cuando, durante el desarrollo de un juicio, se produce un delito, los jueces acuden a la figura de la «deducción de testimonio». Que un Juez «deduce testimonio» contra una persona significa que remite un testimonio del acta del juicio y de la documentación necesaria al órgano de reparto correspondiente, para que un juzgado de instrucción investigue los hechos en un procedimiento nuevo.

Cualquiera que haya leído con atención los capítulos anteriores se habrá hecho cargo de la cantidad de delitos que presuntamente se cometieron durante la investigación de los atentados y durante el propio juicio.

Informes y documentos que se ocultan a la autoridad judicial o que se manipulan convenientemente antes de enviarlos al sumario, vestigios de los trenes (vagones enteros incluso) que desaparecen y se hurtan a los peritos que deben determinar el tipo de explosivo utilizado, extraños poltergeist que hacen que unas muestras cambien de composición… pero sobre todo, testigos que mienten… y que son pillados mintiendo.

Algunos de los perjurios que tuvimos la desgracia intelectual de escuchar los que asistimos a las sesiones del juicio del 11-M eran tan escandalosos, tan flagrantes, que no podían pasar desapercibidos. Así, en el receso de una de las sesiones del juicio, se formaron dos corrillos en la zona de la sala donde estaban los asientos del público. Un grupo de estudiantes que asistían al juicio charlaban con el juez Gómez Bermúdez mientras, a poca distancia, un grupo de víctimas comentaba conmigo alguno de los interrogatorios de aquel día. En un momento dado, escuchamos cómo una estudiante preguntaba directamente al juez:

—Oiga, ¿y no se va a hacer nada con los testigos que han mentido? Porque a veces es un poco escandaloso, la verdad…

—No te preocupes —le dijo Gómez Bermúdez y, mirando a las víctimas que estaban conmigo, afirmó— ya verás cómo más de uno va a ir caminito de Jerez.

La afirmación del presidente del Tribunal —la cuento tal y como la escuché— fue comentada, con cierto alivio, por las víctimas que estaban conmigo: los perjurios que estaban escuchando a tantos testigos no quedarían impunes, el juez había prometido enviar caminito de Jerez —expresión andaluza que hace referencia al penal de Puerto de Santa María— a todos aquellos que estaban mintiendo. Y yo, iluso de mí, le creí.

Algunas semanas después, terminó la fase de prueba y llegó el turno de presentar las conclusiones definitivas. En las mías, además de aumentar mi petición de penas contra los principales acusados, pedí expresamente, en nombre de las víctimas a las que representaba, que se dedujera testimonio contra todos aquellos que presuntamente podían haber delinquido durante el juicio. Otras acusaciones —incluso algunas defensas— pidieron también diversas deducciones de testimonio.

Las deducciones de testimonio que pedía eran importantes por dos motivos: el primero, porque permitirían esclarecer si esas personas habían delinquido o no. Pero, sobre todo, porque suponían una nueva oportunidad para que aquellas personas contaran la verdad y seguir avanzando así en la investigación.

La sentencia respondió a nuestra petición de deducción de testimonio con estos dos párrafos:

Varias acusaciones y defensas han interesado la deducción de testimonio contra testigos y peritos para ejercer las acciones penales correspondientes por delitos de falso testimonio —artículos 458 y siguientes del Código Penal.

El Tribunal facilitará a las partes los testimonios que soliciten para que, en su caso, ejerzan las acciones que estimen convenientes una vez que la sentencia gane firmeza, pues antes no es posible hacerlo. Ello debido a que hasta que la sentencia es firme no puede sostenerse que la valoración que de la declaración hace el Tribunal es la correcta ya que, conforme al artículo 715 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, siempre que los testigos que hubieren declarado en el sumario comparezcan a declarar también sobre los mismos hechos en la vista oral, solo habrá lugar a proceder contra ellos como presuntos autores de falso testimonio, cuando éste sea el prestado en dicho juicio y no en fase de instrucción.

Es decir, que el Tribunal se lavaba las manos y dejaba que fueran las propias víctimas las que —a su costa— ejercieran las acciones penales oportunas. Pero debían ser las víctimas las que se querellasen contra los perjuros, porque el Tribunal no iba a mover un dedo contra ellos. Gómez Bermúdez no enviaba a nadie caminito de Jerez, pero al menos quedaba un consuelo: el Tribunal prometía —esta vez por escrito— en su sentencia que «el Tribunal facilitará a las partes los testimonios que soliciten para que en su caso ejerzan las acciones que estimen convenientes una vez que la sentencia gane firmeza».

Como la sentencia prometía entregar esos testimonios cuando la sentencia ganara firmeza —esto es, cuando el Tribunal Supremo resolviera los recursos de casación de las distintas partes— esperé a que así fuera y entonces empecé a pedir testimonios. El 17 de septiembre de 2008 pedí testimonio de determinada documentación que le fue intervenida al Chino en uno de los registros —quería utilizarlo en las acciones penales que pretendíamos llevar a cabo contra la testigo protegido R-22—. A su vez, el 29 de octubre de 2008 pedí testimonio de los vídeos de la grabación de la macropericia de explosivos. Pretendía utilizarlos para preparar acciones penales contra Sánchez Manzano.

Pues bien, por increíble que parezca, el mismo Tribunal que había prometido a las víctimas en la sentencia que «el Tribunal facilitará a las partes los testimonios que soliciten para que en su caso ejerzan las acciones que estimen convenientes una vez que la sentencia gane firmeza», incumplió su promesa y negó a las víctimas la entrega de la documentación del Chino y de las grabaciones de la macropericia.”

He de decir (en el libro no se dice porque ocurrió después de su publicación), en descargo de Gómez Bermúdez y sus compañeros de Tribunal, que interpuse recurso de súplica contra la decisión de no entregarme los testimonios y el recurso (algo insólito en un recurso de súplica, que resuelve el mismo Tribunal contra el que se recurre) fue estimado. Se nos entregaron los testimonios y, tras muchas trabas, pude emprender las acciones penales que me encargaron las víctimas contra Sánchez Manzano, y que aún colean.

P.D. Antes de publicar esta entrada veo que, al parecer, la famosa frase fue repetida por el Juez en otros contextos. Yo he contado cuándo la escuché yo.

© José María de Pablo Hermida, 2014.

Autor: José María de Pablo

Abogado penalista

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s