lo que contaron los tedax del 11M

(artículo publicado en el diario El Mundo, el 09/03/2014)
tedax
Los subinspectores tedax con carnet profesional 54568 y 65255 recogen piezas de convicción en el cráter de una de las explosiones del tren de El Pozo (foto incluida en el Folio 53835 del Tomo 145 del Sumario del 11-M).

Manda el protocolo que cuando se produce un atentado terrorista con explosivos, los tedax sean los encargados de buscar y recoger en el escenario del crimen las “piezas de convicción”, es decir, las distintas pruebas halladas en el lugar de los hechos que permitirán investigar el primer peldaño de toda investigación: el arma del crimen, que en estos casos es el tipo de explosivo empleado.

Para ello, los tedax suelen recoger aquellos restos de la explosión que, una vez analizados, permitirán determinar los componentes del explosivo utilizado: tierras del cráter originado por la explosión, restos de chapa, telas, y otros objetos que, por efecto de la explosión, han quedado impregnados de restos del explosivo. Los tedax también frotan algodones impregnados con agua y con acetona para obtener muestras de aquellas superficies que han estado en contacto con el explosivo. Estas pruebas son etiquetadas, clasificadas, e introducidas cada una en su bolsita transparente. Desde el momento en que se recogen –por su carácter de piezas de convicción- deben quedar a disposición de la autoridad judicial, de modo que solo el juez puede autorizar su destrucción.

Hecha esta introducción, pasemos al relato de la recogida de muestras de los trenes del 11-M, tal y como se lo escuché contar a las decenas de tedax que prestaron declaración en el juicio del 11-M y en el “Caso Sánchez Manzano”.

Recogida de piezas de convicción en la mañana del 11 de marzo

El 11 de marzo de 2004, a los pocos minutos de estallar las bombas en los trenes, el Inspector Jefe Cáceres Vadillo, en su condición de Jefe del Grupo tedax de la Brigada Provincial de Madrid, se puso al mando de la operación de recogida de muestras, y repartió a los agentes de su grupo entre los cuatro escenarios del atentado (Atocha, Téllez, El Pozo y Santa Eugenia). El propio Cáceres Vadillo estuvo recogiendo muestras personalmente en la estación de Atocha junto con algunos de sus hombres, como los Subinspectores con carnet profesional 66618 y 27600. Mientras, los agentes 64501, 35690, y 55227 hacían lo mismo en la calle Téllez; los tedax 54868, 64338 y 65255 en la estación de El Pozo; y los artificieros 70626 y 76109 en Santa Eugenia.

Todos ellos declararon después que recordaban haber recogido algodones con agua y con acetona en cada uno de los focos de explosión: dos por foco en Atocha, y uno por foco en los demás escenarios, es decir, dieciséis algodones con agua y otros dieciséis con acetona; También recogieron una bolsa con tierra y piedras del cráter por cada foco (doce bolsas de tierra del cráter, por tanto). Además, recordaban haber recogido, entre otras piezas de convicción, diversos trozos de chapa, un jersey, componentes electrónicos, trozos metálicos, varios clavos, y por último, polvo de extintor de un foco de El Pozo. Solo de la estación de Atocha, los tedax calcularon unas ochenta piezas de convicción, cada una en su correspondiente bolsa de plástico transparente debidamente etiquetada.

Lo que dice el protocolo es que, una vez recogidas, etiquetadas e introducidas en sus respectivas bolsas de prueba, las piezas de convicción deben ser trasladadas primero a la sede del grupo provincial competente (en este caso el de la Brigada Provincial de Madrid) donde se hace una relación de las muestras recogidas, se fotografían, y se realiza el correspondiente acta. Finalmente, el propio grupo trasladará las pruebas a las instalaciones de la Unidad Central, que es el depósito judicial de estas piezas de convicción.

Pero en el 11-M se actuó de otra manera.

“Aquí mando yo”

A mitad de la mañana, irrumpió en la estación de Atocha el Comisario Sánchez Manzano, por entonces Jefe de la Unidad Central TEDAX, quien se atribuyó el mando de la operación, y colocó en cada escenario del atentado un superior de su unidad que tuviera mayor rango que los tedax desplazados del grupo de Madrid. De este modo, por primera y única vez en la historia de la lucha antiterrorista en España, la Unidad Central (que no tiene funciones operativas, sino de apoyo a los grupos provinciales) asumió el mando de una incidencia relegando al grupo provincial competente. Es así como Sánchez Manzano, que carecía por completo de experiencia en la recogida de restos de explosivos –ni siquiera había hecho el curso de especialidad tedax- se hizo con el mando de la operación en detrimento del Inspector Jefe Cáceres Vadillo, que posiblemente sea el tedax con más experiencia en la investigación de atentados terroristas.

Lo primero que ordenó Sánchez Manzano fue que los tedax de la BPI de Madrid entregasen a los de la Unidad Central las muestras recogidas hasta entonces, impidiéndoles incluso terminar de etiquetarlas y clasificarlas. Cáceres Vadillo se indignó al ver que Sánchez Manzano estaba mezclando todas las muestras recogidas, sin ni siquiera clasificarlas previamente según el foco de recogida, y le advirtió de que al hacerlo así se rompería la cadena de custodia. Pero Sánchez Manzano zanjó el asunto gritando que “¡Aquí mando yo!”, hizo caso omiso a Cáceres Vadillo, y terminó mezclando todas las evidencias.

Según aseguran los testigos, las pruebas recogidas en Atocha, mezcladas, sin inventario, y sin clasificar, se las llevó en un vehículo el Inspector Rogelio Campos, cuya actuación aquel día es un misterio: hasta tres testigos presenciales distintos han declarado haber visto al Inspector Campos acompañando y asesorando a Sánchez Manzano en Atocha toda la mañana, y llevándose las muestras recogidas en un Nissan Patrol a primera hora de la tarde; en cambio, Campos negó al Juez bajo juramento haber pisado Atocha aquella mañana y haberse llevado las muestras. Después del 11-M, Rogelio Campos fue premiado con un cargo directivo en Repsol.

Algo parecido ocurrió en los otros tres escenarios del atentado, donde los mandos enviados por Sánchez Manzano también arrebataron las muestras a los tedax de la BPI de Madrid y se las llevaron sin etiquetar ni inventariar en sus vehículos. El Inspector Miró se llevó las muestras de la calle Téllez, y el Inspector Larios las de Santa Eugenia. La investigación judicial no ha podido averiguar quién se llevó las piezas de convicción recogidas en El Pozo.

Las Normas Provisionales de Actuación del Servicio de Desactivación de Explosivos, vigentes en el momento de los hechos, establecen que es competencia de la Unidad Central TEDAX la custodia y depósito de los restos de las explosiones a disposición de la autoridad judicial. No es necesario recordar que la Ley de Enjuiciamiento Criminal prohíbe destruir piezas de convicción sin la previa autorización del Juez. Por tanto, era responsabilidad de Sánchez Manzano, como Jefe de la Unidad Central, custodiar todas las piezas de convicción recogidas por los TEDAX en los distintos focos de los atentados del 11-M, para entregárselas al Juez cuando éste las reclamase.

Las piezas de convicción que llegaron al juicio

En enero de 2007, días antes de la celebración del juicio, el Tribunal presidido por el Juez Gómez Bermúdez, a petición de algunas partes (la AAV11M a la que yo representaba entre ellas) tomó la decisión de practicar, como prueba anticipada, un análisis científico de las piezas de convicción recogidas en los focos de explosión. Para ello, reclamó a la Unidad Central todas las muestras recogidas por los tedax en el 11-M. Como respuesta, la Unidad Central, remitió solo veintitrés muestras (concretamente clavos que, además, habían sido lavados con agua y acetona por lo que difícilmente iban a ofrecer resultados concluyentes). Aquel día se descubrió que la Policía solo conservaba veintitrés muestras de doce focos: menos de dos muestras por foco.

Si comparamos las muestras que los tedax aseguran haber recogido, con las que Sánchez Manzano entregó al Tribunal del 11-M, comprobamos que, por ejemplo, han desaparecido los dieciocho algodones con agua, los dieciocho algodones con acetona, así como las doce muestras de tierras de los cráteres. Estas muestras (los algodones y las tierras de los crateres) son, según aseguraron los técnicos ante el Juez, las más valiosas para la investigación, o lo que es lo mismo, las más aptas para obtener resultados positivos en un análisis químico. Eran 42 bolsas de valiosísimas pruebas, etiquetadas y clasificadas, que han desaparecido sin que lo autorizase ningún juez. También han desaparecido el jersey recogido en Atocha, diversos cables y componentes electrónicos, algunos trozos metálicos, una papelera. De uno de los focos de la calle Téllez habían desaparecido la totalidad de las muestras recogidas.

piezas de convicción y delito de encubrimiento

Los artículos 334 al 367 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal establecen que las piezas de convicción (llamamos así a los objetos, huellas y vestigios que puedan servir de prueba de la culpabilidad de alguna persona en relación con el delito perpetrado), al ser una clase de cuerpo de delito, deben recogerse y conservarse de forma que garantice su integridad a disposición de la autoridad judicial, siendo el Juez el único que –previa audiencia al Fiscal- puede autorizar su destrucción. Por su parte, el artículo 451 del Código Penal considera delito de encubrimiento la ocultación o destrucción de piezas de convicción sin autorización judicial. El Tribunal Supremo (por ejemplo en la Sentencia 543/1997) ha considerado que la ocultación de piezas de convicción por funcionarios de Policía es también un delito de omisión de perseguir de delitos del artículo 408 del Código Penal.

La Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M interpuso una querella contra Sánchez Manzano por estos hechos. La querella fue instruida por el Juzgado de Instrucción nº 43 de Madrid, hasta que la Audiencia Provincial determinó que la competencia era del Juzgado nº 6, que ya había archivado una querella anterior contra Sánchez Manzano. Acatando el criterio de la Audiencia Provincial y del Tribunal Supremo, y tras haberlo sugerido la propia Audiencia en su resolución, la AAV11M se ha personado ya como perjudicada y acusación particular en la causa del Juzgado nº 6, al que ha aportado las declaraciones de los tedax y el resto de documentación, ha recurrido el Auto de archivo, y ha solicitado la reapertura de la investigación hasta averiguar el destino de las piezas de convicción desaparecidas. En este momento, el Juzgado nº 6 ha reclamado ya la causa que instruía el nº 43 para hacerse cargo de esta investigación.

© José María de Pablo Hermida, 2014.

caminito de Jerez

elmundo.750 Con motivo del ya cercano décimo aniversario de los atentados del 11-M, publica hoy el diario El Mundo una entrevista con el Juez Gómez Bermúdez (ver aquí). De la entrevista me llaman la atención muchas cosas (la que más, quizás, que el Presidente del Tribunal recuerde algo tan cierto –aunque desconocido por muchos- como que no se conoce al autor intelectual que ideó los atentados porque “no se ha indagado” esa cuestión). Pero prefiero centrarme en otro punto de la entrevista. El siguiente:

P.- Cuando usted dijo que algún testigo iba a ir caminito de Jerez… ¿se refería a Sánchez Manzano?

R.- No. Esa frase ha sido muy manipulada y mal usada. La dije a un grupo de chavales, de COU, de finales de ESO… Eran chicos jóvenes. Uno de ellos me preguntó qué pasaba si alguien mentía al juez… Entonces yo le expliqué que, cuando alguien mentía en un juicio, comete un delito y, entonces, desde luego en nuestro tribunal, si alguien mentía iría caminito de Jerez… Les aclaré que, para que haya delito de falso testimonio hay que esperar a que haya sentencia firme; en segundo lugar, que la mentira haya sido esencial, no que sea una mentira accidental y, además, que haya influido en el resultado del proceso. Es falso que se lo dijera a nadie más y en ningún otro sitio.

Pues bien, sin ánimo de polemizar, y dado que yo fui testigo presencial de esa anécdota –de hecho creo que fui el primero en contarla-, he querido rescatar un par de páginas de mi libro La Cuarta Trama en las que narro lo que yo recuerdo de aquel momento. Así tienen ustedes todos los elementos de juicio.

 Lo que sigue a continuación está extraído del capítulo 22 de La Cuarta Trama:

“Cuando, durante el desarrollo de un juicio, se produce un delito, los jueces acuden a la figura de la «deducción de testimonio». Que un Juez «deduce testimonio» contra una persona significa que remite un testimonio del acta del juicio y de la documentación necesaria al órgano de reparto correspondiente, para que un juzgado de instrucción investigue los hechos en un procedimiento nuevo.

Cualquiera que haya leído con atención los capítulos anteriores se habrá hecho cargo de la cantidad de delitos que presuntamente se cometieron durante la investigación de los atentados y durante el propio juicio.

Informes y documentos que se ocultan a la autoridad judicial o que se manipulan convenientemente antes de enviarlos al sumario, vestigios de los trenes (vagones enteros incluso) que desaparecen y se hurtan a los peritos que deben determinar el tipo de explosivo utilizado, extraños poltergeist que hacen que unas muestras cambien de composición… pero sobre todo, testigos que mienten… y que son pillados mintiendo.

Algunos de los perjurios que tuvimos la desgracia intelectual de escuchar los que asistimos a las sesiones del juicio del 11-M eran tan escandalosos, tan flagrantes, que no podían pasar desapercibidos. Así, en el receso de una de las sesiones del juicio, se formaron dos corrillos en la zona de la sala donde estaban los asientos del público. Un grupo de estudiantes que asistían al juicio charlaban con el juez Gómez Bermúdez mientras, a poca distancia, un grupo de víctimas comentaba conmigo alguno de los interrogatorios de aquel día. En un momento dado, escuchamos cómo una estudiante preguntaba directamente al juez:

—Oiga, ¿y no se va a hacer nada con los testigos que han mentido? Porque a veces es un poco escandaloso, la verdad…

—No te preocupes —le dijo Gómez Bermúdez y, mirando a las víctimas que estaban conmigo, afirmó— ya verás cómo más de uno va a ir caminito de Jerez.

La afirmación del presidente del Tribunal —la cuento tal y como la escuché— fue comentada, con cierto alivio, por las víctimas que estaban conmigo: los perjurios que estaban escuchando a tantos testigos no quedarían impunes, el juez había prometido enviar caminito de Jerez —expresión andaluza que hace referencia al penal de Puerto de Santa María— a todos aquellos que estaban mintiendo. Y yo, iluso de mí, le creí.

Algunas semanas después, terminó la fase de prueba y llegó el turno de presentar las conclusiones definitivas. En las mías, además de aumentar mi petición de penas contra los principales acusados, pedí expresamente, en nombre de las víctimas a las que representaba, que se dedujera testimonio contra todos aquellos que presuntamente podían haber delinquido durante el juicio. Otras acusaciones —incluso algunas defensas— pidieron también diversas deducciones de testimonio.

Las deducciones de testimonio que pedía eran importantes por dos motivos: el primero, porque permitirían esclarecer si esas personas habían delinquido o no. Pero, sobre todo, porque suponían una nueva oportunidad para que aquellas personas contaran la verdad y seguir avanzando así en la investigación.

La sentencia respondió a nuestra petición de deducción de testimonio con estos dos párrafos:

Varias acusaciones y defensas han interesado la deducción de testimonio contra testigos y peritos para ejercer las acciones penales correspondientes por delitos de falso testimonio —artículos 458 y siguientes del Código Penal.

El Tribunal facilitará a las partes los testimonios que soliciten para que, en su caso, ejerzan las acciones que estimen convenientes una vez que la sentencia gane firmeza, pues antes no es posible hacerlo. Ello debido a que hasta que la sentencia es firme no puede sostenerse que la valoración que de la declaración hace el Tribunal es la correcta ya que, conforme al artículo 715 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, siempre que los testigos que hubieren declarado en el sumario comparezcan a declarar también sobre los mismos hechos en la vista oral, solo habrá lugar a proceder contra ellos como presuntos autores de falso testimonio, cuando éste sea el prestado en dicho juicio y no en fase de instrucción.

Es decir, que el Tribunal se lavaba las manos y dejaba que fueran las propias víctimas las que —a su costa— ejercieran las acciones penales oportunas. Pero debían ser las víctimas las que se querellasen contra los perjuros, porque el Tribunal no iba a mover un dedo contra ellos. Gómez Bermúdez no enviaba a nadie caminito de Jerez, pero al menos quedaba un consuelo: el Tribunal prometía —esta vez por escrito— en su sentencia que «el Tribunal facilitará a las partes los testimonios que soliciten para que en su caso ejerzan las acciones que estimen convenientes una vez que la sentencia gane firmeza».

Como la sentencia prometía entregar esos testimonios cuando la sentencia ganara firmeza —esto es, cuando el Tribunal Supremo resolviera los recursos de casación de las distintas partes— esperé a que así fuera y entonces empecé a pedir testimonios. El 17 de septiembre de 2008 pedí testimonio de determinada documentación que le fue intervenida al Chino en uno de los registros —quería utilizarlo en las acciones penales que pretendíamos llevar a cabo contra la testigo protegido R-22—. A su vez, el 29 de octubre de 2008 pedí testimonio de los vídeos de la grabación de la macropericia de explosivos. Pretendía utilizarlos para preparar acciones penales contra Sánchez Manzano.

Pues bien, por increíble que parezca, el mismo Tribunal que había prometido a las víctimas en la sentencia que «el Tribunal facilitará a las partes los testimonios que soliciten para que en su caso ejerzan las acciones que estimen convenientes una vez que la sentencia gane firmeza», incumplió su promesa y negó a las víctimas la entrega de la documentación del Chino y de las grabaciones de la macropericia.”

He de decir (en el libro no se dice porque ocurrió después de su publicación), en descargo de Gómez Bermúdez y sus compañeros de Tribunal, que interpuse recurso de súplica contra la decisión de no entregarme los testimonios y el recurso (algo insólito en un recurso de súplica, que resuelve el mismo Tribunal contra el que se recurre) fue estimado. Se nos entregaron los testimonios y, tras muchas trabas, pude emprender las acciones penales que me encargaron las víctimas contra Sánchez Manzano, y que aún colean.

P.D. Antes de publicar esta entrada veo que, al parecer, la famosa frase fue repetida por el Juez en otros contextos. Yo he contado cuándo la escuché yo.

© José María de Pablo Hermida, 2014.

sobre fenómenos “poltergeist” en dependencias judiciales y policiales

La noticia que publica hoy el diario El Mundo sobre el robo del disco duro con la parte secreta del sumario del Caso Faisán, ha traído a mi memoria, inmediatamente, un episodio del juicio del 11-M, en el que intervine como acusación en representación de una asociación de víctimas del atentado. Allí, también ocurrieron fenómenos extraños. El episodio lo narré en un capítulo de mi libro “La Cuarta Trama”. A continuación, por su interés, y por su evidente parecido con el robo de una parte del sumario del Faisán, reproduzco una síntesis del capítulo de La Cuarta Trama en el que cuento algunos fenómenos extraños, aquella vez ocurridos en la sede de la Comisaría General de Policía Científica:

«Vamos a hablar ahora de lo que sucedió en la macropericia sobre los explosivos del 11-M que realizaron ocho peritos por orden del Tribunal.  Pero, antes de hacerlo, quiero aclarar brevemente —para que el lector no se me pierda— que los ocho peritos recibieron dos tipos de muestras para analizar. Por un lado, recibieron los 23 vestigios procedentes de los focos de explosión de los trenes. A esos 23 vestigios les llamaremos en adelante “vestigios de los focos”. Y por otro lado, los peritos recibieron también diversas muestras de explosivo entero, no explosionado, procedente de distintos escenarios relacionados con el 11-M, pero distintos de los trenes, como la mochila de Vallecas, la Renault Kangoo, el artefacto de Mocejón o el piso de Leganés. A estas muestras de explosivos sin explosionar les llamaremos, siguiendo la terminología de los propios peritos, “muestras de explosivo intacto”.

En realidad, no tenía mucho sentido volver a analizar las muestras de explosivo intacto, pues eran muestras que no despertaban ninguna duda en cuanto a su composición. De hecho, eran las muestras que los TEDAX sí habían remitido años antes a la Policía Científica para su análisis. Y nadie puso en duda nunca que el explosivo hallado en la mochila de Vallecas, el que apareció bajo el asiento del copiloto de la Renault Kangoo, el del artefacto de Mocejón, y el que apareció en el piso de Leganés, eran, todos ellos, dinamita Goma 2 ECO. Así lo había determinado la policía Científica cuando los analizó tres años antes e identificó en ellos todos y cada uno de los componentes de la Goma 2 ECO. Las dudas sobre el tipo de explosivo nunca se refirieron a esas muestras, sino a los vestigios de los focos, los de dentro de los trenes, que son los que los TEDAX habían retenido en lugar de enviarlos a la Policía Científica. Pero el Tribunal quiso que junto a los vestigios de los focos, fuesen analizadas también las muestras de explosivo intacto cuya composición todos conocíamos de antemano. Por cierto, como curiosidad, los peritos también recibieron una muestra que nada tenía que ver con los explosivos. Se trataba de un poco de cocaína que había aparecido durante el desescombro del piso de Leganés.

Así que el trabajo de los ocho peritos se dividiría en dos fases: por un lado, analizar las muestras de los focos de los trenes, y por otro, analizar las muestras de explosivo intacto recogidas en escenarios distintos de los trenes.

Con el juicio a punto de comenzar, los peritos se encerraron en el laboratorio y se pusieron manos a la obra. Comenzaron por lo más importante, lo que de verdad interesaba para la investigación: las 23 muestras procedentes de los trenes, los vestigios de los focos que estuvieron en contacto con las explosiones del 11-M y que nos podrían decir qué utilizaron los terroristas para volar los trenes.

Pero rápidamente surgió la sorpresa, y con la sorpresa, los dolores de cabeza para los defensores de la versión oficial (la versión del “¡ha sido Goma 2 ECO y ya vale!”). En la mañana del 6 de febrero de 2007, dos peritos —uno de la Guardia Civil y otro independiente— analizaron la muestra M-6-12 (procedente de uno de los focos de explosión del tren de El Pozo) y encontraron restos de un componente explosivo que es ajeno a la Goma 2 ECO: el dinitrotolueno o DNT. A continuación de este hallazgo, los peritos encontraron ese mismo componente en todos y cada uno de los focos de explosión de los cuatro trenes siniestrados. La conclusión era tan clara como novedosa: el explosivo utilizado por los terroristas para atentar contra los trenes del 11-M era un explosivo que contenía en su composición DNT. O lo que es lo mismo, lo que había explotado en los trenes no era Goma 2 ECO. Un palo de los buenos para la versión oficial.

Uno de los ocho peritos, el policía-perito Alfonso Vega, que ejercía de director de la pericia, se mostró visiblemente contrariado ante el hallazgo del DNT. No aceptó el resultado y ordenó repetir el análisis: no podía ser que la aparición de DNT echara abajo la versión oficial. ¿Qué iban a decir ahora sus jefes? Se repitieron las pruebas, pero la ciencia es tozuda. Para enfado de Alfonso Vega, y de sus jefes Santano y Rubalcaba, el contraanálisis confirmó la noticia: había DNT en todos los vestigios de los focos. Si tenemos en cuenta que el DNT no solo es incompatible con la Goma 2 ECO, sino que, sobre todo, es compatible con el Titadyn habitualmente utilizado por ETA, podremos hacernos cargo de la relevancia del hallazgo del DNT. El mosqueo del policía-perito Alfonso Vega fue monumental y sus gritos e insultos a los TEDAX quedaron grabados por la cámara de vídeo que, por orden de Gómez Bermúdez, rodaba la macropericia.

La noticia de la aparición del DNT saltó rápidamente a los medios de comunicación, y esos días (el juicio ya había comenzado) cundió el pánico (doy fe) en la Fiscalía. La versión oficial estaba gravemente herida. Sí, herida. Pero no muerta. Veamos cómo esquivó la muerte en aquella ocasión.

Ocurrió que (por mera casualidad, no sea usted mal pensado) la aparición de restos de DNT en los vestigios procedentes de las explosiones coincidió en el tiempo con el comienzo de una serie de curiosos acontecimientos que empezaron a producirse dentro del laboratorio de la Policía Científica, y a los que vamos a llamar fenómenos extraños, paranormales, o poltergeist.

El primer poltergeist hizo su aparición (por mera casualidad, repito) justo al día siguiente de la aparición del DNT en los vestigios de los focos de explosión. A las 20.00 horas del 6 de febrero de 2007, sin causa conocida, el Laboratorio de la Policía Científica sufría un ¿fortuito? apagón de luz, a consecuencia del cual, la cámara de Gómez Bermúdez dejó de grabar durante varias horas. Durante el apagón, con los peritos independientes en su casa, y la cámara de Gómez Bermúdez apagada, no sabemos qué ocurrió, pero si el lector sigue leyendo podrá imaginárselo sin mucha dificultad.

Arreglado el apagón, la cámara de Gómez Bermúdez volvió a grabar y los peritos reanudaron sus trabajos. Y en concreto, comenzaron a analizar, una por una, las muestras de explosivo intacto, es decir, las de fuera de los trenes (mochila de Vallecas, Kangoo, etc). Y descubrieron algo asombroso: aquellas muestras habían mutado de composición. Un poltergeist andaba suelto por el Laboratorio.

Recordemos que las muestras de explosivo intacto ya las había analizado la Policía Científica en 2004 (los TEDAX habían impedido a la Policía Científica el acceso a los vestigios de los focos, pero no a las muestras de explosivo intacto ajenas a los trenes, que sí habían entregado). Ya entonces la Policía Científica había determinado que las muestras de explosivo intacto ajenas a los trenes eran Goma 2 ECO, entre otras cosas, porque al analizarlas no se había detectado la presencia de DNT. Pues bien, después del apagón, los peritos analizan de nuevo esas muestras y ¡oh, casualidad! las muestras de explosivo intacto tienen ahora un componente más: el DNT.

La aparición de DNT en estas muestras de explosivo intacto era absurda. Primero, porque en los análisis previos al apagón no había aparecido ese componente. Y segundo, porque se trataba de muestras intactas de Goma 2 ECO, y la Goma 2 ECO no contiene DNT. Es más, la cocaína tampoco tiene DNT, pero tras el apagón, la muestra M-10-3 (cocaína encontrada en el desescombro de Leganés) también contenía ahora DNT. Se ve que al poltergeist de turno se le fue la mano.

Lo que sí sé es que la extraña mutación de las muestras de explosivo intacto durante el apagón hizo posible el nacimiento de las llamadas teorías de la contaminación, mediante las que la policía intentó convencernos de que la aparición de DNT en los focos de explosión no era suficiente para descartar el uso de Goma 2 ECO en los trenes.»

© José María de Pablo Hermida, 2012.     

El “Caso Bretón” y el “Caso 11-M”: analogías y diferencias

José Bretón acaba de ser imputado por el doble asesinato de sus hijos después de que un perito privado haya podido determinar que los restos óseos hallados en una hoguera de la finca de su familia pertenecieron a humanos de entre dos y seis años de edad. De este modo, y aunque con un año de retraso, se ha podido corregir el error de la Policía Científica, que en un primer análisis concluyó que se trataba de huesos de animales.

La vida real no es CSI. Aunque los peritos y forenses de la Policía, en general, son rigurosos profesionales –la Policía Científica española es merecidamente una de las más prestigiosas del mundo-, también son humanos que a veces se equivocan. Por eso, el sistema prevé mecanismos para corregir esos errores, por ejemplo, la posibilidad de emitir nuevos informes periciales complementarios o ampliatorios, bien de la misma Policía, bien de algún perito privado contratado por alguna de las partes. En el “Caso Bretón” hay que felicitar al abogado de la acusación, que es quien propuso y aportó las nuevas pericias que han determinado que aquellos huesos son humanos. Pero también hay que agradecerlo en parte al Juez y a la propia Policía, pues para que un error de la Policía Científica en el análisis de una prueba pueda corregirse en un futuro es imprescindible que tanto el Juez como la Policía respeten los protocolos de custodia de piezas de convicción.

Se denomina piezas de convicción a los objetos, huellas y vestigios que –como los huesos del Caso Bretón- pueden servir de prueba de la culpabilidad o inocencia de alguna persona en relación con el delito perpetrado. Las piezas de convicción son una clase de cuerpo del delito, y su protocolo de recogida, custodia y conservación está regulado principalmente en los artículos 334 a 367 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

En concreto, el artículo 334 ordena que el Juez Instructor, por medio de la policía, procurará recoger en los primeros momentos las armas, instrumentos o efectos de cualquier clase (las piezas de convicción) que puedan tener relación con  el delito y que se encuentren en el escenario del crimen o en cualquier otro lugar, y extenderá una diligencia expresiva del lugar, tiempo y ocasión en que se encontraren, con la descripción de cada pieza de convicción recogida. El artículo 338 añade que se recogerán de tal forma que se garantice su integridad, y se acordará su retención, conservación o envío al organismo adecuado para su depósito. Por último, el actual artículo 367 ter (hasta la última reforma lo hacía el 338) exige la previa autorización judicial y el preceptivo informe del fiscal, para proceder a la destrucción de cualquier pieza de convicción (esto es habitual, por ejemplo, cuando se incautan grandes alijos de droga: se guarda una cantidad suficiente y se autoriza la destrucción del resto,  aunque ojo, siempre se suele conservar parte de la droga para posibles nuevos análisis y contranálisis).

El correcto cumplimiento, tanto por el Juez como por la Policía, de este protocolo, es lo que ha permitido corregir ahora el error de los primeros análisis del Caso Bretón. La correcta recogida, clasificación y etiquetado por la policía de aquellos restos óseos, así como su custodia y conservación ha permitido que meses después la acusación particular pudiera realizar nuevos análisis sobre esas pruebas y esclarecer su origen.

Todo lo contrario ocurrió en la investigación del 11-M, en cuyo complejo proceso intervine en mi condición de abogado de un colectivo de víctimas de aquellos atentados.

En el 11-M, la investigación del arma del delito (fundamental para el esclarecimiento de cualquier delito violento), esto es, del explosivo utilizado para volar los trenes, fracasó rotundamente, como reconoce la propia sentencia de la Audiencia Nacional, en su Fundamento Jurídico III.5: “no se sabe con absoluta certeza la marca de la dinamita que explotó en los trenes”.

Como ya narré en un capítulo de “La Cuarta Trama”, en aquella investigación no es que la Policía Científica se equivocase en el análisis de los restos de los explosivos, es que ni siquiera los llegó a analizar por la sencilla razón de que no se le enviaron: no había informe de la Policía Científica, una omisión que no pudimos conocer los abogados hasta dos años después de los atentados, cuando el Juez Del Olmo levantó el secreto de sumario.

En principio, aquello tampoco debía representar un gran problema, pues se podría solucionar como se ha hecho con el Caso Bretón: encargando un nuevo análisis para un nuevo informe. Pero cuando algunos abogados pedimos ese nuevo informe, y el Tribunal presidido por el Juez Gómez Bermúdez accedió a ello, los peritos nombrados se encontraron con dos hechos insólitos: los vagones de los trenes donde habían explosionado las bombas ya no existían (habían sido desguazados, sin autorización judicial, a los pocos días del atentado), y para colmo, la inmensa mayoría de las piezas de convicción que los TEDAX habían recogido en esos vagones antes de ser desguazados, y que contenían restos del explosivo, habían desaparecido de las dependencias de la Policía. Solo quedaban unos cuantos tornillos sin apenas interés para la investigación. En concreto, las piezas de convicción más valiosas para la investigación, como son los algodones de agua y acetona (que los tedax impregnan de restos de explosivo frotándolos en las superficies donde se observa la presencia de esos restos) y las piedras y tierras de los cráteres de las explosiones (que siempre quedan impregnadas de explosivo tras cualquier explosión) habían desaparecido por completo.

El desguace de los trenes del 11-M sin autorización judicial (por asombroso que parezca, en el sumario del 11-M no existe rastro alguno de esa autorización) es uno de los mayores escándalos de la historia judicial española. De hecho, el propio Tribunal Supremo, en la sentencia que resolvía los recursos de casación del 11-M, dijo de manera diplomática que le parecía sorprendente una tan apresurada destrucción, que impidió un estudio posterior más reposado y en profundidad, e incluso su reiteración de haber sido necesaria, de aspectos que pudieran haber resultado de interés para la investigación”. Pero si escandaloso fue el desguace de los trenes, no menos vergonzosa fue la simultánea y misteriosa desaparición de las numerosas (hablamos de centenares) piezas de convicción recogidas por los tedax dentro de los vagones tras el atentado. De hecho, a día de hoy, el Tribunal Supremo tiene pendiente la decisión sobre la continuación del procedimiento abierto contra dos mandos policiales imputados de un delito de encubrimiento por su presunta responsabilidad en la destrucción de estas pruebas. Se sabe que los centenares de piezas de convicción que los especialistas tedax recogieron en los trenes del 11-M fueron llevadas a la sede de la Unidad Central de TEDAX-NRBQ en el madrileño barrio de Canillas. Pero una vez allí, se perdió su rastro. ¿Qué fue de ellas?

Si la correcta conservación de las pruebas aparecidas en la finca de José Bretón ha permitido un nuevo análisis de gran ayuda para resolver este crimen, la incomprensible destrucción y desaparición de casi todas las pruebas recogidas en los trenes del 11-M ha hecho que, a fecha de hoy, el mayor atentado terrorista de la historia de Europa siga siendo un delito aún lejos de esclarecer.

© José María de Pablo Hermida, 2012.     

¿se puede reabrir el 11-M?

Reproduzco a continuación el artículo que he publicado ayer en el diario La Gaceta. Abordo la reciente polémica sobre la conveniencia o no de reabrir la causa del 11-M. 

Cada vez que sale a la luz cualquier novedad sobre la investigación de los atentados del 11-M, se produce el mismo debate. Un debate tan mediáticamente apasionante como jurídicamente estéril. Unos, defenderán la necesidad de reabrir el Sumario del 11-M; otros, se aferrarán a la firmeza de la “Sentencia Gómez Bermúdez” y negarán la posibilidad de cualquier reapertura.

Pero ambos se equivocan. Por contradictorio que parezca, ni el 11-M está cerrado, ni se puede reabrir. No está cerrado porque la Sentencia del juicio de la Casa de Campo solo afecta a la responsabilidad penal de las personas que se sentaron en ese banquillo, y por tanto, solo produce cosa juzgada en lo que a la participación de esos acusados en los hechos se refiere. Pero sobre todo, no se puede reabrir, sencillamente, porque la investigación judicial del 11-M nunca se ha cerrado.

Cuando el juez Del Olmo acordó la apertura del juicio oral contra los que después fueron juzgados por estos hechos en la Casa de Campo, lo hizo para no retrasar su enjuiciamiento. Pero, a la vez, el instructor era consciente de que la investigación tenía aún grandes lagunas. Por eso, abrió unas Diligencias Previas para seguir investigando, en un procedimiento aparte, los numerosos flecos de la investigación.

Esas nuevas Diligencias Previas siguen hoy abiertas, y en ellas, al menos en teoría, se sigue investigando el 11-M. A raíz de aquella investigación se han seguido abriendo juicios contra nuevos implicados (la Operación Sello, o el juicio contra Moutaz Almallah, entre otros). A la vez, casi siempre por iniciativa de las víctimas, se han abierto varios procesos judiciales sobre las irregularidades de la investigación (el Caso Bórico sobre falsificación de un informe pericial, o el Caso Sánchez Manzano sobre la desaparición de pruebas en sede policial).

No hay nada que reabrir porque el 11-M está abierto. Por eso, las recientes palabras del ex Ministro Camacho criticando la decisión de la Fiscalía de seguir impulsando nuevas investigaciones demuestran un desconocimiento del derecho penal y de la concreta investigación de estos atentados realmente preocupante en quien, hasta hace muy poco, era Ministro del Interior.

No hay que reabrir, hay que impulsar la investigación. Eso es, ni más ni menos, lo que ha hecho el Fiscal General del Estado cuando ha ordenado investigar la ocultación a la Justicia de los restos del vagón del tren de Santa Eugenia. Y eso es, también, lo que viene haciendo la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, que sigue impulsando todas las investigaciones abiertas sobre el 11-M.

La cuestión no es reabrir o no reabrir el 11-M. La cuestión es impulsar la investigación. ¿Cómo no seguir investigando, si la propia Sentencia Gómez Bermúdez reconoce que aún no sabemos quien fue el cerebro que organizó el atentado? ¿Tienen o no tienen derecho las víctimas a descubrir la identidad de ese autor intelectual? ¿Por qué tanto miedo a que se investigue la identidad del cerebro del 11-M?

© José María de Pablo Hermida, 2012.