17 años de espera

Uno de mis seguidores en Twitter se preguntaba el otro día cómo era posible que tantos funcionarios se manifestasen cortando el tráfico en horario laboral: si es que estaban de vacaciones o qué. Yo contesté que a lo mejor eran funcionarios de Justicia en la hora del desayuno. Se armó una de cuidado. No era mi intención ofender, pero varios de mis followers, funcionarios ellos, me pusieron a caldo. Seguramente tenían razón.

No niego que muchos funcionarios de Justicia -la inmensa mayoría- trabajan mucho y bien. Conozco muchísimos funcionarios de Justicia eficientes y trabajadores. Demasiado eficientes y trabajadores para los pocos medios que tienen y lo poco que les pagan. Pero también conozco a auténticos vagos que, a base de no hacer nada, consiguen eternizar procedimientos judiciales como si diera lo mismo el tiempo que tarda la Justicia en resolver los problemas de un ciudadano.

Un ejemplo: El mes pasado me viene al despacho un cliente al que acababan de citar como imputado, acusado de un delito de calumnias, por un relato que escribió hace cuatro años. Tras investigar un poco, descubrí que la querella se la habían puesto en julio de 2009, pero el Juzgado no la había admitido a trámite hasta mayo de 2012: esto es, casi tres años hasta que el funcionario decidió sacar cinco minutos para redactar el auto de admisión a trámite y citar al imputado. Resultado: presenté un escrito alegando que los hechos habían prescrito, pues en 2009 las calumnias prescribían al año y el Juzgado había estado más de un año sin impulsar el procedimiento. El Juez no tuvo más remedio que reconocer la prescripción y archivar el caso. Mi cliente ni siquiera ha tenido que acudir a declarar.

En este caso la inacción del Juzgado ha beneficiado a mi cliente. Pero ¿qué pensará la otra parte? ¿exigirá responsabilidad al funcionario que tardó tres años en tramitar su querella? Si esa querella la hubiese puesto yo, creo que hoy estaría muy enfadado.

Pero, por lo visto, hay quien se toma estas cosas con humor, como el ciudadano que en 1990 presentó una solicitud a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, se olvidó del tema, y recibió respuesta en 2007. Vean sus alegaciones, que reproduzco a continuación, después de 17 años, porque no tienen desperdicio:

© José María de Pablo Hermida, 2012.