El abogado que se quitó la vida para ganar un juicio

El de la foto es Clement Vallandigham (1820-1871) (ver entrada en wikipedia), un prestigioso abogado penalista de Dayton, Ohio, que un buen día se hizo cargo de la defensa de Thomas McGehan, un reo acusado de asesinato. 

Según el Fiscal y la Policía, en medio de una violenta pelea en un bar, McGehan habría aprovechado un descuido para sacar su pistola y disparar mortalmente a un tal Tom Myers. 

Pero el cliente de Vallandigham (como tantos clientes) aseguraba a su abogado con vehemencia que él era inocente. Según McGehan, fue Tom Myers quien, por accidente, se disparó a sí mismo mientras se levantaba del suelo en mitad de la pelea. Él reo juraba y perjuraba que ni siquiera le había dado tiempo a desenfundar su arma.

Vallandigham no sabía si creerle. Así que un buen día (comenzado ya el juicio), se dirigió al escenario del crimen con su propia pistola (descargada, claro), y en el mismo bar, comprobó si los hechos podían haber ocurrido como aseguraba McGehan.  Todo encajaba y decidió creer a su cliente.

Así que, para la siguiente sesión del juicio, nuestro abogado llevó consigo también su pistola con la intención de hacer una demostración al jurado de la inocencia de su defendido.

En su exposición, Vallandigham trató de convencer a los miembros del jurado de que había sido Myers quien se disparó a sí mismo por accidente. Y para dotar de mayor credibilidad a su versión, acompañó su exposición con una especie de representación teatral de cómo debían haber ocurrido los hechos.

Pero entonces, en medio del fragor de su discurso, concentrado como estaba en su exposición, en lugar de utilizar su pistola, cogió por error el arma de crimen (que se encontraba delante de él, en la mesa de las pruebas y que, para su desgracia, aún estaba cargada), se la metió en el bolsillo, y simuló sacar la pistola mientras se levantaba del suelo, tal y como aseguraba había hecho Myers días atrás en aquel bar. En ese momento, exactamente igual que había ocurrido el día de los hechos, la pistola volvió a dispararse por accidente, alcanzando al abogado en el abdomen. Murió a las pocas horas.

Y por supuesto, tan clara le quedó al jurado la posibilidad de un disparo accidental, que McGehan fue declarado inocente por unanimidad.

A eso le llamo yo un abogado comprometido.

© José María de Pablo Hermida, 2012.     

Autor: José María de Pablo

Abogado penalista

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