El problema no está en las comisiones

Sobre los audios de Rubiales y Piqué, la Federación Española de Fútbol y la Supercopa

(artículo publicado en el diario EL MUNDO el 21 de abril de 2022)

Se equivoca la opinión pública al dirigir su atención sobre el cobro de comisiones millonarias por la empresa de Gerard Piqué en el caso de la organización de la Supercopa en Arabia Saudí. El problema no está en las comisiones, que -con los datos que hoy tenemos- parecen completamente legales, sino en la posible adulteración de una competición por cuya limpieza debería velar la Federación Española de Fútbol.

Ha calado en la sociedad la leyenda urbana que identifica el cobro de una comisión con un delito de corrupción. Nada más lejos de la realidad. El cobro de una comisión no es más que el cumplimiento de un contrato de mandato, tal y como viene regulado en los artículos 244 y siguientes del vigente Código de Comercio. El comisionista que lleva a cabo una tarea de intermediación en un negocio mercantil tiene derecho a cobrar la comisión acordada con el comitente, cuyo importe será el que libremente hayan pactado las partes. De hecho, poco importa para su legalidad que la comisión sea o no millonaria -aunque a falta de pacto se calculará conforme al precio habitual de mercado, como establece el art. 277 del Código de Comercio-.

Es así de sencillo: el comisionista aporta un valor al negocio, que unas veces puede ser su conocimiento de las dos partes de un negocio (A quiere comprar un producto pero no lo encuentra en el mercado, el comisionista B conoce a C que vende ese producto, así que B pone a A en contacto con C a cambio de un precio que llamaremos comisión), otras veces puede ser su habilidad negociadora, o su conocimiento de la regulación del sector, etc.

De hecho, usted mismo pagó una comisión a la inmobiliaria que le puso en contacto con el vendedor de su casa, y eso no le convierte en corrupto.

El problema es que vulgarmente llamamos comisiones -como digo, un negocio legal- a lo que en realidad son sobornos. Obviamente, pagar una cantidad a un funcionario público a cambio de obtener una contratación será constitutivo de un delito de cohecho, como pagar al responsable de compras de una empresa para que contrate a un proveedor en lugar de otro más beneficioso podrá ser un delito de corrupción entre particulares. Pero en estos dos últimos casos no se pagan comisiones -aunque la prensa lo llame así- sino sobornos.

Así, el hecho de que la empresa Kosmos Global Media, vinculada a Gerard Piqué, cobre una comisión millonaria -cuyo importe y porcentaje, por cierto, entra dentro de lo habitual en el mundo del fútbol- a cambio de intermediar entre la Federación Española y las autoridades saudíes para la organización de la Supercopa forma parte del tráfico mercantil normal y para mí no presenta indicios de delito. Al menos, con la información que tenemos hoy.

Otra cosa es la limpieza de la competición. El contrato firmado establece que la Federación (y su presidente Luis Rubiales, a través de su salario variable) obtiene de los saudíes hasta diez millones de euros más en caso de que dos equipos concretos -el Real Madrid y el Barcelona- ocupen los dos primeros puestos en la Liga y/o en la Copa del Rey. Y esto cuando los árbitros españoles dependen jerárquicamente del propio Rubiales.

Si echamos la vista atrás y repasamos los desafortunados arbitrajes que viene sufriendo en los últimos años -y en especial esta temporada, véase la estadística de expulsiones y de penaltis a favor y en contra- el club que en la última década ha puesto más en peligro el objetivo de que aquellos dos clubes ocupen los dos primeros puestos de cada competición -hablo del Atlético de Madrid-, parece difícil desconectar determinadas decisiones arbitrales del incentivo económico que supone, para la Federación, que la tabla clasificatoria quede de una determinada manera.

Desconozco si es esa la causa, pero los colchoneros que llevábamos tiempo sin comprender el por qué de ciertas decisiones arbitrales, tenemos ahora una posible explicación. Y sería totalmente legítimo pensar de ese modo.

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